Las intolerancias alimentarias y la importancia de su detección

En artículos pasados, hemos visto que las intolerancias alimentarias, son muy importantes en el control de los problemas general de salud de nuestros pacientes. Muchas veces las intolerancias alimentarias son el preámbulo, de una posible enfermedad grave, el hecho de que los síntomas pueden estar ocultos durante muchos años, pueden ir minando nuestra salud poco a poco, por eso es un factor a tener encuentra y deberemos como terapeutas atajarlo con rapidez.
Tenemos que saber que las intolerancias alimentarias en muchas ocasiones pueden ser reversibles, pero hay que detectarlas. Pueden darse como consecuencia de determinados problemas digestivos o por la ausencia de determinadas enzimas en nuestro organismo. Esto hará que se metabolice mal ese alimento y se manifieste una intolerancia a un producto determinado. Las principales intolerancias alimentarias son a la leche, a los cereales (en especial al trigo), a los huevos, al marisco y pescados.
Pero a su vez puede estar agravado por un problema a nivel intestinal en su membrana, pensemos en una disbiosis por falta de flora intestinal, candidiasis, problemas de permeabilidad etc. En determinadas ocasiones un mal estado del sistema digestivo, puede acabar dando lugar a lo que se denomina permeabilidad intestinal, que es cuando se filtran los productos de dentro del intestino hacia el interior del flujo sanguíneo, provocando ya si, problemas inmunitarios. La membrana intestinal permiten el paso de productos de la digestión, en ese caso las toxinas pueden pasar a través de las células incluidos metales pesados, insecticidas o productos propios de la alimentación, esto da lugar a la formación de anticuerpos que pueden llegar a producir alergias o enfermedades autoinmunes.
Por ello si detectamos pronto un alimento que provoca intolerancia, detectaremos ciertas molestias como inflamación, prurito, picores, dolor abdominal, gases, diarreas, distensión adbominal, etc muchas veces no se notará hasta pasado un tiempo de ahí la importancia del testaje.
Si logramos prescindir de estos alimentos y tratamos las causas en muchos casos pasado un cierto tiempo podremos volver, con moderación a consumir dichos productos. En este caso será cada vez más claro la necesidad de un cambio a nivel nutricional, y lo primero que deberemos hacer será identificar aquellos productos que nos producen la intolerancia alimentaria para ello utilizaremos un kit de Kinesiologia de intolerancias alimentarias, en donde podremos ver qué productos son los que debemos abandonar.
Angel Salazar
Alimentación y sistema inmunitario

Cada comida desencadena inflamación. Cuando comemos, no sólo tomamos nutrientes también consumimos una cantidad significativa de bacterias. El cuerpo se enfrenta con el reto de la asimilación de la glucosa ingerida a la vez que con la lucha contra estas bacterias. Esto desencadena una respuesta inflamatoria que activa el sistema inmunológico de individuos sanos y tiene un efecto protector, como los médicos de la Universidad y el Hospital Universitario de Basilea han demostrado por primera vez. En personas con sobrepeso, sin embargo, esta respuesta inflamatoria falla tan dramáticamente que puede conducir a la diabetes.
Es bien sabido que la diabetes tipo 2 (o diabetes de adultos) conduce a la inflamación crónica con una serie de impactos negativos. Una serie de estudios clínicos han tratado la diabetes eliminando la sobreproducción de una sustancia implicada en este proceso, la interleuquina-1beta (IL-1beta). En pacientes diabéticos, esta sustancia mensajera desencadena inflamación crónica y hace que las células beta productoras de insulina mueran.
Activación del sistema inmunitario
Sin embargo, esta inflamación tiene algunos aspectos positivos, como se informó recientemente en la revista Nature Immunology por investigadores del Departamento de Biomedicina de la Universidad y del Hospital Universitario de Basilea. En individuos sanos, las respuestas inflamatorias a corto plazo desempeñan un papel importante en la absorción de azúcar y la activación del sistema inmunológico.
En su trabajo, el profesor Marc Donath, Jefe del Departamento de Endocrinología, Diabetes de dicho hospital y su equipo de investigación, demuestran que el número de macrófagos (un tipo de célula inmune) alrededor de los intestinos aumenta durante las comidas. Estas denominadas células «limpiadoras» producen la sustancia mensajera IL-1beta en cantidades variables, dependiendo de la concentración de glucosa en la sangre. Esto, a su vez, estimula la producción de insulina en las células beta pancreáticas y esta provoca entonces que los macrófagos aumenten la producción de IL-1beta. La insulina y la IL-1beta trabajan juntas para regular los niveles de azúcar en la sangre, mientras que la sustancia mensajera IL-1beta garantiza que el sistema inmunitario tenga el aporte necesario de glucosa y, por tanto, permanezca activo.
Bacterias y nutrientes
Según los investigadores, este mecanismo del metabolismo y del sistema inmunológico depende de las bacterias y nutrientes que se ingieren durante las comidas. Con nutrientes suficientes, el sistema inmunológico es capaz de combatir adecuadamente las bacterias nuevas. Por el contrario, cuando hay una falta de nutrientes, las pocas calorías restantes deben conservarse para funciones importantes de la vida a expensas de una respuesta inmune. Esto puede ir de algún modo a explicar por qué las enfermedades infecciosas ocurren con más frecuencia en sociedades con carencia de alimentos.
Angel Salazar
Kinepharma
La elección de la alimentación correcta

En estos días de excesos alimentarios es conveniente fijar de nuevo un rumbo correcto a nivel nutricional y preguntarnos como debe ser nuestra alimentación y si lo estamos haciendo correctamente.
Los alimentos frescos no sólo se consideran buenos para el cuerpo porque son frescos sino porque contiene muchos enzimas y no están oxidados, la oxidación como sabemos es un proceso químico que sucede cuando la materia entra en contacto con el oxígeno. Esto que ocurre muy frecuentemente con el hierro o con los metales, pero ocurre también con los alimentos, por ejemplo cuando utilizamos el aceite para freír algo, vemos que este se decolora y se ennegrece.
Debemos saber que cuando estos alimentos oxidados entran en nuestro cuerpo, se forman radicales libres, los cuales tienen una gran capacidad de hacer daño a nuestro cuerpo como consecuencia de su gran capacidad de oxidación, mucho mayor que la del propio oxígeno.
Los alimentos oxidados no son las únicas cosas que producen radicales libres, hay una serie de elementos como el tabaco el alcohol el estrés que también los genera, para empezar los radicales libres se producen hasta cuando respiramos. Los seres humanos respiramos oxígeno y quemamos glucosa y grasa en las células, lo que produce nuestra energía, pero el 2% de lo que entra en nuestro cuerpo está formado por radicales libres.
No obstante aunque sean considerados los malos de la película, los radicales libres también tienen una función esencial que permite matar virus, bacterias, hongos y eliminar infecciones. Sin embargo cuando el número de radicales libres aumenta por encima de cierto nivel se empieza destruir la célula y su ADN.
¿Cuál es el mecanismo que tiene el organismo para defenderse de los radicales libres?
Es una enzima antioxidante llamada superóxidodismutasa (SOD). Esta ampolla la podemos encontrar en un Kit de sistema endocrino. A partir de 40 años la cantidad está encima va disminuyendo en el cuerpo por eso hay muchos autores que relacionan esta edad con el aumento de las enfermedades relacionadas con el estilo de vida.
En conclusión si continuamos comiendo alimentos oxidados se generarán una gran cantidad de radicales libres en nuestro cuerpo, además los alimentos oxidados no tienen apenas enzimas por lo que el cuerpo tendrá muchas dificultad para producir enzimas madre lo que hará que entremos en un círculo vicioso de radicales libres no neutralizados que nos provocarán enfermedades.
En oposición a esto la alimentación con alimentos frescos ricos en enzimas, además de limitar la cantidad de radicales libres también limitará la degradación de las enzimas madre de nuestro cuerpo lo que mantendrá mucho más tiempo la salud general de nuestro organismo y de nuestra energía.
Ángel Salazar
Kinepharma
Intolerancia al gluten

El gluten es una pequeña parte proteica que está presente en el trigo, incluidas todas las especies de Triticum tales como el trigo duro la espelta, el kamut, el centeno la cebada la vena o sus variedades híbridas.
Esa intolerancia al gluten llamada enfermedad celíaca está presente en individuos genéticamente predispuestos y se caracteriza por una reacción inflamatoria provocada por un problema inmunitario generado por esta proteína, todo esto se produce en la mucosa del intestino delgado, lo que dificulta la absorción correcta de los nutrientes.
Normalmente esto se manifiesta en una serie de síntomas como la pérdida de apetito y de peso, la distensión abdominal, la anemia ferropénica, la diarrea crónica, vómitos. En los niños provoca retraso en el crecimiento y suele aparecer poco tiempo después de incorporar a su dieta los cereales. Aunque muchas veces los síntomas pueden estar ocultos, sobre todo al principio.
Esta enfermedad viene asociada a otras como la anemia, la infertilidad, la osteoporosis, la enfermedad tiroidea o la depresión, por ello todos tenemos que ser conscientes de que de una forma u otra podemos presentar algún tipo de intolerancia a este alimento.

Hay que tener especial cuidado ya que muchos de los alimentos procesados incorporan gluten en pequeños porcentajes y por ello recomendamos consultar las etiquetas y acostumbrarse a alimentos que de forma natural no lo contienen como el arroz el maíz, Las frutas, las patatas, los vegetales además de las carnes y pescados no transformados.
La intolerancia al gluten no debe confundirse con la alergia al gluten, la alergia no permite ningún tipo de consumo por muy pequeño que sea, ya que puede producir una reacción anafiláctica y provocar la muerte.
¿Cómo podemos identificar en kinesiología esta patología?:
En primer lugar identificaremos la existencia de una intolerancia alimentaria a través de la ampolla cáusticum D 30, que provocará un AR al ponerla sobre el paciente, ahora deberá ser contrastada con la ampolla de gluten que corregirá ese AR. Estás ampollas la podemos encontrar en un kit de intolerancias alimentarias.
Angel Salazar
Kinepharma
El azúcar simple y los problemas de salud mental
Si queremos mantener en estado óptimo tanto nuestra salud mental tanto la intestinal a largo plazo, no podemos obviar los peligros que conlleva la ingesta de gran cantidad de azúcar simple en nuestra dieta.
Por azúcar simple, entendemos el azúcar blanco o refinado, la bollería industrial, infinidad de alimentos como la carne procesada con químicos, el pan, la comida preparada o el embutido. También contienen azúcar simple los refrescos con gas, los zumos envasados y los carbohidratos refinados.
La estabilidad del azúcar en la sangre es de vital importancia para estar mentalmente sanos. Para que nuestro cuerpo no sufra alteraciones en sus niveles de glucosa disponemos de un órgano exclusivamente dedicado a esta función, el páncreas.
Al consumir carbohidratos refinados, estamos provocando una excesiva subida de azúcar y el páncreas ha de esforzarse por poner todos los recursos disponibles para compensar este aumento con insulina.
Cuando basamos nuestra alimentación en carbohidratos refinados (bollería, pastas, harinas refinadas, arroz blanco, etc.) durante demasiados años, acabamos rompiendo el equilibrio de nuestro organismo.
Pero, ¿qué sucede cuando se trunca esta armonía orgánica? Nos acaba afectando a importantes neurotransmisores; los que regulan el sueño, nuestro estado de ánimo, la motivación o el aprendizaje.
También puede provocar cierto descontrol en la conducta, ya que el azúcar acaba inhibiendo nuestros mecanismos de neurotransmisión, es decir, la capacidad de trasladar la información de una neurona a otra, con lo cual la información tarda más en llegar o se pierde. Por tanto, nuestra capacidad de reacción o la memoria puede verse afectada.
Investigaciones recientes, demuestran que el azúcar reduce drásticamente algunas sustancias con las que el cerebro elabora muchos de los neurotransmisores.
Nuestro sistema nervioso aprende a utilizar la glucosa del azúcar simple como combustible. En el hipotálamo hay unos glucoreceptores que se encargan de vigilar y regular la cantidad de glucosa en nuestra sangre.
Si detecta que la cantidad de azúcar en sangre es deficiente, libera azúcar almacenada en el cuerpo y la convierte en glucosa. Pero, si, por el contrario, el nivel de glucosa es demasiado elevado, manda la orden al páncreas para que libere insulina y pueda paliar y metabolizar este exceso anormal de azúcar. Cuando nos pasa esto, estamos obligando al organismo a hacer un sobreesfuerzo constante y lo sobrecargamos.
Además, este cambio brusco de azúcar en sangre puede provocarnos cambios de humor e inestabilidad emocional.
Tras años de consumo de azúcar simple, nuestro organismo va a necesitar mucho tiempo para estabilizar de nuevo el sistema nervioso, el endocrino y los desequilibrios en la conducta. Pudiendo llegar a provocar desórdenes crónicos.
Por tanto, es recomendable que comencemos a crear conciencia de la importancia de modificar algunos hábitos básicos, como, decantarse por la pasta, arroz y pan integral, no abusar de las bebidas azucaradas y sobretodo cultivar el hábito de revisar la etiqueta de ingredientes en carnes, embutidos y demás productos procesados antes de adquirirlos.
¿Cuentas con los niveles adecuados de calcio?
La mayoría de nosotros asociamos el calcio con huesos fuertes. Sin embargo, hay muchos otros aspectos que desconocemos sobre los efectos del calcio en nuestro organismo y sobre aquellos otros minerales necesarios para la adecuada absorción del mismo. Por ejemplo, el magnesio es imprescindible para tener huesos fuertes y sanos ya que sin este el calcio no podría ser metabolizado.
Aproximadamente el 95% del calcio que ingerimos está destinado a la mineralización de los huesos y dientes. El 1% restante se invierte en otras funciones, como por ejemplo; coagular la sangre o regular las contracciones y relajaciones del corazón así como de los demás músculos del cuerpo. También sirve para liberar la energía de los alimentos que ingerimos y ayuda al cuerpo a utilizar el hierro disponible.
Los huesos a pesar de ser una estructura sólida, no permanece inalterable y estática sino que la estructura del hueso va cambiando y remodelándose constantemente con el tiempo.
Todo el calcio que absorbe nuestro cuerpo, ya sea a través de la dieta o de suplementos alimenticios, se almacena o deposita en el hueso, de tal manera que se va formando hueso nuevo y el hueso antiguo es reabsorbido y excretado. Cada vez que nuestro organismo necesite normalizar su cantidad de calcio, será extraído del hueso.
Tal como la mayoría de nosotros sabemos, nuestro cuerpo alcanza su madurez esquelética a los 30 años aproximadamente. Llegados a este punto, la cantidad de calcio que se deposita en los huesos es igual a la cantidad que reabsorbemos.
Por tanto, a partir de los 30 conviene proveerse del calcio necesario para que cuando nuestro organismo reabsorber el mineral del hueso, este no se debilite y pierda más densidad de la debida.
Si desde nuestra infancia proveemos a nuestros huesos de calcio y otros nutrientes relevantes para el sistema esquelético como lo son, la vitamina D, la vitamina K o el Magnesio, estamos estimulando la formación de hueso nuevo que nos protegerá de la osteoporosis al llegar a cierta edad.
La osteoporosis provoca que los huesos se vuelvan porosos, haciendo la estructura ósea mucho más frágil y sensible a fracturas.
En el caso de las mujeres, durante la menopausia y postmenopausia, debido a la disminución de estrógenos se acelera la pérdida de masa ósea. La ingestión de alimentos o suplementos nutricionales que contengan calcio y Vitamina D, nos ayudará a prevenir estos efectos.
Así pues, si nos preocupamos, mientras aún estamos a tiempo, de estar bien nutridos y de hacer ejercicio regular, podremos cumplir años sin notar tanto los efectos de la edad.
A parte de su vinculación con la salud ósea, el calcio también ayuda a disminuir el síndrome premenstrual. Se ha podido comprobar en diversas investigaciones los beneficios de este mineral en el alivio de sus síntomas (dolores, cólicos, estado de ánimo).
Esto se debe a que las hormonas ováricas afectan al metabolismo del calcio y los estrógenos afectan a su absorción intestinal, pudiendo darse una “hipocalcemia”. Esta deficiencia de calcio puede ser revertida tomando suplementos.
Solemos asociar el calcio con los productos lácteos, sin embargo, también lo podemos encontrar en las almendras, las semillas de sésamo, las semillas de mostaza, el marisco, las habas, las tortas de maíz, los orejones, las algas marinas y muchos otros alimentos.
Por qué incluir algas marinas a nuestra dieta
Los alimentos procesados, las sustancias químicas utilizadas en los cultivos y los malos hábitos de alimentación conllevan que nuestro organismo se debilite debido a la falta de nutrientes que a la larga acarrean efectos adversos para la salud.
Las algas marinas son un buen complemento para paliar las posibles carencias nutricionales que tengamos. Nos revitalizan y rejuvenecen. Cuentan con todos los nutrientes básicos que necesita nuestro cuerpo, y además nos depuran y desintoxican por dentro.
Respecto a los valores nutricionales de las algas marinas:
– Son ricas en proteínas y de gran calidad pues contienen gran parte de los aminoácidos esenciales (nuestro organismo no puede sintetizarlos sino que debe asimilarlos a través de la alimentación).
Además, estos aminoácidos son fáciles de digerir debido a la composición de las algas; ricas en enzimas y sales minerales.
Respecto a las diferencias con la proteína animal, podemos decir que las algas se digieren hasta 5 veces más rápido, no contienen colesterol, grasas saturadas, residuos antibióticos, pesticidas ni hormonas de síntesis.
– Es un alimento bajo en carbohidratos y azúcares, ideal para la etapa de crecimiento, periodos de convalecencia, embarazo y durante una dieta adelgazante. Entre los carbohidratos que contiene se encuentra el manitol, un estimulante hepático y levemente laxante, que no aumenta la glucosa en sangre, por tanto, también es un complemento ideal para diabéticos.
Son poco calóricas y los azúcares son de tipo mucilaginoso.
– Gracias a los polisacáridos de las algas, también tienen la facultad de reducir la presencia de metales pesados en nuestro organismo. Los metales pesados se sienten atraídos por el sulfuro. Nuestras enzimas son ricas en sulfuro, con lo cual los metales pesados se combinan con estas y producen efectos tóxicos.
Las algas marinas impiden que se lleve a cabo esta unión protegiendo nuestro organismo.
– El contenido en grasa está alrededor del 5% y son principalmente ácidos grasos poliinsaturados, factor que favorece la reducción del “colesterol malo” y el incremento del “colesterol bueno”.
– Las algas tienen un alto porcentaje de vitaminas C, E, del grupo B y provitamina A.
Especial atención a su riqueza en vitamina B12 para aquellos que sean vegetarianos o vegetalianos.
Es aconsejable consumirlas en crudo o después de haberlas tenido en remojo (en el caso de las desecadas) para poder aprovechar todo su aporte vitamínico.
– Respecto a las sales minerales y oligoelementos de las algas marinas;
En cuanto a los minerales son ricas en calcio, sodio, hierro, potasio, fósforo y magnesio. Algunos tipos de algas tienen una composición de hasta un 35% de su peso en seco en sales minerales. Realmente, hay pocos alimentos con un aporte mineral tan elevado.
Si cocemos las algas, las sales minerales se quedarán en el líquido, así que no olvidemos aprovechar el caldo para hacer sopas o tisanas.
Por otro lado, son ricas en oligoelementos, los cuales como ya sabemos, parecen desempeñar una función clave en todos los procesos metabólicos vitales, además de ayudar a prevenir el envejecimiento.
Los oligoelementos que componen las algas marinas, les aportan sus propiedades desintoxicantes. Algunos de los oligoelementos más presentes son el yodo, el cinc, el silicio, el cobalto, el cromo y el manganeso.
– La clorofila, pigmento que da el color verde a las plantas y algas, es otra de las sustancias beneficiosas de estos superalimentos. Sirve para evitar el estreñimiento, ayuda a reparar los tejidos dañados, disminuye el colesterol y los triglicéridos, reduce el mal aliento, desintoxica y tiene propiedades anticancerígenas.
Como vemos, introducir las algas marinas como ingrediente en nuestros platos nos asegura un cuerpo sano sin apenas esfuerzo.
¿Por qué elegir las proteínas vegetales?
Las proteínas de nuestro cuerpo constituyen gran parte de la masa corporal y para que dispongamos de forma constante y pueda ir renovándose tenemos que ingerir continuamente a través de la alimentación. La alimentación es la única forma de proveernos de cada uno de los aminoácidos esenciales que forman las proteínas pues nuestro cuerpo no es capaz de sintetizarlas. Al contrario de lo que ocurre en el caso de las plantas, ellas consiguen sintetizarlos incluso a través del agua.
Por tanto, al ingerir los alimentos, nos llegan las proteínas ya formadas, bien sea directamente a través de los alimentos vegetales o bien comiendo animales que anteriormente hayan comido plantas.
La conclusión de que a fin de cuentas todas las proteínas proceden de las plantas, ha motivado muchos movimientos por una alimentación mejor y más saludable, ya que quizá es más sencillo recurrir al principio de la cadena alimentaria, al vegetal, en lugar de cuidar animales para después comer su carne.
Un detalle a tener en cuenta es que por cada kilo de proteína animal se necesitan siete de proteína vegetal.
Las necesidades proteicas que recomienda la RDA están alrededor de 0.8g/Kg de peso a partir de los 19 años y de 1g/kg entre los 11 y los 14 años, aunque para los atletas se recomiendan hasta 2g/kg.
Si vamos a realizar una actividad de resistencia también se necesitará una cantidad de proteínas extra debido a la oxidación de aminoácidos “de cadena ramificada” en el músculo.
Nuestro cuerpo asimila sólo aminoácidos y no proteínas completas, por tanto, el organismo no puede distinguir si estos aminoácidos provienen de proteínas de origen animal o vegetal.
Al comparar ambos tipos de proteínas, podemos concluir que las de origen animal son moléculas mucho más grandes y complejas, por lo que contienen mayor cantidad y diversidad de aminoácidos. En general, su valor biológico es mayor que las de origen vegetal.
Sin embargo, son más difíciles de digerir, debido a que existe un mayor número de enlaces entre aminoácidos por romper.
Si combinamos de forma adecuada las proteínas vegetales, legumbres con cereales o lácteos con cereales, se puede obtener un conjunto de aminoácidos equilibrado.
Las proteínas del arroz contienen todos los aminoácidos esenciales, pero son escasas en lisina. Si lo combinamos con legumbres como las lentejas o los garbanzos, abundantes en lisina, la calidad biológica y aporte proteico resultante es mayor que el de la mayoría de los productos de origen animal.
También conviene tener en cuenta, que las proteínas animales, contienen compuestos presentes en los tejidos del animal, como amoniaco, ácido úrico, que este no pudo eliminar antes de ser sacrificado. El metabolismo de los vegetales es distinto y no contienen este tipo de compuestos. Podemos evitar los tóxicos de la carne, consumiendo las proteínas de origen animal a partir de huevos, leche y sus derivados.
La proteína animal, como bien sabemos, contiene grasas de origen animal, en su mayor parte saturadas, factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares. Por el contrario, el pescado, aporta minerales, vitaminas y grasas poliinsaturadas presentes en los azules.
En definitiva, se recomienda que una tercera parte de las proteínas que comamos sean de origen animal, pero es perfectamente posible estar bien nutrido sólo con proteína vegetal.
Siempre, por supuesto, teniendo en cuenta la forma de combinar los alimentos en función de sus aminoácidos. Así como suplir el posible déficit de vitamina B12 o de minerales como el hierro, sencillamente añadiendo algas o huevos a la alimentación, además de mantener la flora intestinal adecuada, es más que suficiente para evitar carencias de esta importante vitamina.
El importante papel del glutation ante la enfermedad y los tóxicos del organismo
Esta semana queremos hablaros, sobre otro de los antioxidantes que encabezan la lista por su gran eficacia; el Glutation.
Este antioxidante se elabora a partir de tres aminoácidos conocidos; la L-Glutamina, L-Cisteína y la glicina. Podemos encontrarlo en altas proporciones por todo el organismo, sin embargo, existe en mayor proporción en el hígado y en menor concentración en el plasma de la sangre.
Las moléculas de glutatión tienen funciones realmente importantes en nuestro organismo, por ejemplo:
Se encarga de alimentar o saciar a ciertas formas de radicales libres peligrosos para proteger a las células. De esta forma, se evita que la oxidación vaya en aumento e impide que nuestro ADN sufra cualquier modificación debido a dicha oxidación.
Por su función protectora, es de gran utilidad para evitar los efectos de la radiación ultravioleta, en nuestros ojos y piel. Es conveniente para nuestra salud, por tanto, disponer de glutation durante todo el año, pero sobretodo, durante el periodo estival, si queremos ayudar al organismo a luchar contra el exceso de radicales libres producidos por los rayos solares.
Es bien conocido, por su capacidad de neutralizar las toxinas en el hígado, los riñones, los pulmones y la pared intestinal. Además, forma parte de los llamados glutation S-transferasa, familia de enzimas con gran diversidad de funciones que tienen la facultad de unirse a las toxinas, haciendo posible que puedan eliminarse con mayor facilidad fuera de las células y por tanto del organismo.
Desempeña un papel muy importante en la reparación del ADN, en la síntesis de las proteínas, de las prostaglandinas o en el transporte de los aminoácidos.
El Glutation, también, es de gran relevancia para aquellas personas inmunodeprimidas o ante la presencia de virus, donde es imprescindible fortalecer el sistema inmunitario.
Por el contrario, si fumamos, bebemos alcohol, tomamos cafeína, medicamentos como el Tylenol, hacemos ejercicio físico excesivo, nos exponemos en exceso a la radiación ultravioleta o a la polución atmosférica, se genera una disminución de glutation en nuestro organismo.
Por todo ello, tener unos buenos índices de glutation es importante tanto para luchar contra cualquier enfermedad como para mantenernos saludables, libres de tóxicos, con unas células sanas y un sistema inmune fuerte.
¿Cómo podemos conseguir aumentar el glutation?
Algunas investigaciones realizadas sobre este antioxidante, han demostrado que el glutation ingerido directamente por vía oral, no se absorbe correctamente sino que queda retenido por las células que se encuentran a lo largo de las paredes intestinales y permanece allí.
Por tanto, la forma más conveniente de lograr que este antioxidante entre en el torrente circulatorio y a su vez, dentro de las células, es ingiriendo sus precursores, es decir, a partir de los aminoácidos a través de los cuales se elabora el glutation, que son; la L- Glutamina, L-Cisteína y la glicina.
Para determinar concretamente qué antioxidantes viene necesitando nuestro organismo, podemos realizar el test kinesiológico, utilizando la ampolla de radicales libres en un test básico, así como las ampollas de SOD, GPSx de un test de sistema endocrino, además de las ampollas de minerales y vitaminas.
Porqué es importante la Coenzima Q10 si queremos envejecer mejor
Cuando nos referimos a los antioxidantes, a menudo los relacionamos con vitaminas y minerales que introducimos en nuestro organismo a través de la alimentación o bien, a través de suplementos. Sin embargo, nuestro organismo, también tiene la capacidad de fabricar sus propios antioxidantes. De esta forma, lucha contra los radicales libres que se generan como resultado de nuestras propias reacciones metabólicas. Un ejemplo de ello es la Coenzima Q10.
A medida que envejecemos nuestras células producen cada vez menos antioxidantes como la Coenzima Q10. Esta disminución parece contribuir al envejecimiento y a las enfermedades crónicas relacionadas directamente con la edad.
Detectar carencias en antioxidantes endógenos es importante para poder compensarlas con suplementos antes de que surjan problemas de salud.
Pues, se ha comprobado que el incremento de los niveles celulares de estos antioxidantes naturales, mediante suplementos alimenticios, puede ayudar a controlar o prevenir enfermedades o dolencias asociadas con la edad, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares o el alzhéimer.
Para hacernos una idea de cómo funcionan dentro de nuestro organismo los antioxidantes, como la coenzima Q10, debemos observar el metabolismo de nuestras células.
En el interior de cada una de nuestras células, residen las mitocondrias, diminutos “motores” que nunca dejan de trabajar para producir energía a partir de los carbohidratos y grasas que ingerimos a través de nuestra dieta. Este proceso, conocido como “metabolismo” es el que permite que se produzca la regeneración celular.
En el proceso de metabolismo se producen infinidad de reacciones químicas en las que siempre deben intervenir las enzimas, pues sin ellas el metabolismo dejaría de funcionar inmediatamente. La misma importancia tienen las Coenzimas, que trabajan conjuntamente con las enzimas para permitirles llevar a cabo sus funciones.
Gran parte de las vitaminas del grupo B, muchos minerales y ciertas sustancias llamadas quinonas (componentes biológicos de gran importancia) son coenzimas.
Una de estas quinonas es la ubiquinona que es el nombre científico con el que se le conoce a la Co Q10.
Para hacernos una idea del volumen de Co Q10 existentes en las diferentes partes de nuestro organismo, partimos de la premisa de que cuanto más alta sea la necesidad de energía por parte de un órgano, más alta será la concentración de Co Q10.
Por esta razón, en las paredes del corazón, las concentraciones de Co Q10 son el doble que las de otros músculos de nuestro cuerpo. Lo mismo ocurre con el hígado y los riñones, ambos requieren de mayor energía y de más Co Q10 por su labor de neutralizar a las toxinas y deshacerse de ellas.
A los 20 años nuestro cuerpo produce toda la CoQ10 que necesita para mantener el metabolismo en pleno funcionamiento, sin embargo, poco a poco, va disminuyendo, hasta llegar casi al 65% menos a los 80 años de edad.
Por todo ello, las investigaciones han demostrado que las personas que padecen dolencias cardiacas o enfermedades relacionadas con el hígado o los riñones tienen bajos niveles de Co Q10.
Para que nuestro cuerpo elabore esta sustancia antioxidante, nuestras células necesitan disponer de vitaminas del complejo B, diferentes minerales y de vitamina C.
Si no ingerimos las cantidades adecuadas de estos nutrientes, corremos el riesgo de no disponer de los antioxidantes endógenos suficientes para envejecer sanos y sin dolencias típicas de la edad.
Para evitarlo, podemos ir realizando test preventivos de deficiencias: vitaminas, minerales y oligoelementos, enzimas y coenzimas…y, por supuesto, si se padece alguna dolencia cardiaca, hepática o renal conviene comprobar si existe alguna deficiencia en la producción de Co Q10.
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