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Sep 2, 2016

¿Por qué elegir las proteínas vegetales?

proteínas de origen animal y vegetal

Las proteínas de nuestro cuerpo constituyen gran parte de la masa corporal y para que dispongamos de forma constante y pueda ir renovándose tenemos que ingerir continuamente a través de la alimentación. La alimentación es la única forma de proveernos de cada uno de los aminoácidos esenciales que forman las proteínas pues nuestro cuerpo no es capaz de sintetizarlas. Al contrario de lo que ocurre en el caso de las plantas, ellas consiguen sintetizarlos incluso a través del agua.

Por tanto, al ingerir los alimentos, nos llegan las proteínas ya formadas, bien sea directamente a través de los alimentos vegetales o bien comiendo animales que anteriormente hayan comido plantas.

La conclusión de que a fin de cuentas todas las proteínas proceden de las plantas, ha motivado muchos movimientos por una alimentación mejor y más saludable, ya que quizá es más sencillo recurrir al principio de la cadena alimentaria, al vegetal, en lugar de cuidar animales para después comer su carne.

Un detalle a tener en cuenta es que por cada kilo de proteína animal se necesitan siete de proteína vegetal.

Las necesidades proteicas que recomienda la RDA están alrededor de 0.8g/Kg de peso a partir de los 19 años y de 1g/kg entre los 11 y los 14 años, aunque para los atletas se recomiendan hasta 2g/kg.

Si vamos a realizar una actividad de resistencia también se necesitará una cantidad de proteínas extra debido a la oxidación de aminoácidos “de cadena ramificada” en el músculo.

Nuestro cuerpo asimila sólo aminoácidos y no proteínas completas, por tanto, el organismo no puede distinguir si estos aminoácidos provienen de proteínas de origen animal o vegetal.

Al comparar ambos tipos de proteínas, podemos concluir que las de origen animal son moléculas mucho más grandes y complejas, por lo que contienen mayor cantidad y diversidad de aminoácidos. En general, su valor biológico es mayor que las de origen vegetal.

Sin embargo, son más difíciles de digerir, debido a que existe un mayor número de enlaces entre aminoácidos por romper.

proteína vegetal

Si combinamos de forma adecuada las proteínas vegetales, legumbres con cereales o lácteos con cereales, se puede obtener un conjunto de aminoácidos equilibrado.

Las proteínas del arroz contienen todos los aminoácidos esenciales, pero son escasas en lisina. Si lo combinamos con legumbres como las lentejas o los garbanzos, abundantes en lisina, la calidad biológica y aporte proteico resultante es mayor que el de la mayoría de los productos de origen animal.

También conviene tener en cuenta, que las proteínas animales, contienen compuestos  presentes en los tejidos del animal, como amoniaco, ácido úrico, que este no pudo eliminar antes de ser sacrificado. El metabolismo de los vegetales es distinto y no contienen este tipo de compuestos.  Podemos evitar los tóxicos de la carne, consumiendo las proteínas de origen animal a partir de huevos, leche y sus derivados.

La proteína animal, como bien sabemos, contiene grasas de origen animal, en su mayor parte saturadas, factor de riesgo para las enfermedades  cardiovasculares. Por el contrario, el pescado, aporta minerales, vitaminas y grasas poliinsaturadas presentes en los azules.

En definitiva, se recomienda que una tercera parte de las proteínas que comamos sean de origen animal, pero es perfectamente posible estar bien nutrido sólo con proteína vegetal.

Siempre, por supuesto, teniendo en cuenta la forma de combinar los alimentos en función de sus aminoácidos. Así como suplir el posible déficit de vitamina B12 o de minerales como el hierro, sencillamente añadiendo algas o huevos a la alimentación, además de mantener la flora intestinal adecuada, es más que suficiente para evitar carencias de esta importante vitamina.

 

Proteína animal vs proteína vegetal

Entendiendo DIGESTIBILIDAD como la facilidad de un alimento para ser digerido, la proteína animal, es más digestible que la proteína vegetal. Tiene un alto contenido en aminoácidos esenciales y una buena asimilación del hierro en su ingesta. La proteína vegetal es menos digestible. Hay que saber cocinarlas y combinarlas con los hidratos de carbono de buena calidad para aprovechar sus nutrientes sin que ocasionen desequilibrios. Se combinan cereales integrales con legumbres en proporción 3 partes de cereal y 4 de legumbres, según la Alimentación Energética y 1 parte de legumbres por  3 de cereal según la Macrobiótica, obteniendo así un alto valor proteico. Se recomienda testar la proporción a cada paciente.

La proteína animal requiere un alto consumo de energía y minerales para su digestión, mientras que la proteína vegetal se digiere con menos esfuerzo. La proteína vegetal tiene un alto contenido en minerales y vitaminas que no producen tanta «acidez biológica» una vez metabolizada. La proteína animal requiere de minerales para su metabolización, contiene muy pocos minerales, vitaminas, fibra y antioxidantes.

La digestión de la proteína animal produce putrefacción en los intestinos en lugar de la fermentación y ello contribuye a la pérdida de la flora intestinal buena (Bacillus Acidophilus), la vegetal no, son proteínas «limpias». La proteína vegetal tiene mayoritariamente grasa insaturadas y la proteína animal contiene muchas grasas saturadas que se convierten fácilmente en colesterol.

La proteína animal contiene altos niveles de ácido úrico por su alto contenido en aminoácidos. Al no ser todos utilizados, estos pasan a ser tóxicos al convertirse en Urea. La proteína vegetal no produce tanto tóxico, por tanto no sobrecarga el hígado ni los riñones. Además la proteína animal contiene antibióticos, hormonas, pesticidas, herbicidas, y conservantes que intoxican nuestro cuerpo.

A nivel energético, la proteína animal produce un efecto de contracción y bloqueo muy importante a todos los niveles. Cada paciente es diferente y, pese a todo lo dicho, hay personas que se recuperan con un estilo de dieta basada en proteína animal, como la Paleodieta. Hablaremos de esto en otra ocasión.

Con un Kit de Alimentos para testar al paciente se puede determinar si a nuestro paciente, por sus características especiales, le conviene más la proteína animal o la vegetal, pudiendo afinar más, determinando por ejemplo si la proteína animal que requiere es carne de ave, por ejemplo, que es más digestible que la carne de vacuno o le favorecerían las de origen vegetal.

Nosotros como ya vimos en artículos anteriores de Kinepharma «El espesamiento de la sangre» del 23 de Julio de este mismo año, en general recomendamos la ingestión de muy poca proteína, menos del 20% del total de lo ingerido y en la mayoría de las ocasiones proteína derivada de los alimentos vegetales que consumimos, notaremos un cambio notable en nuestra calidad de vida.

Maria Josefa Obiol Saiz.

Kinesióloga y colaboradora de Kinepharma.

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