Cómo sanar la fatiga suprarrenal

La fatiga suprarrenal es aquella condición en la que las glándulas suprarrenales no pueden producir cantidades suficientes de hormonas, especialmente la hormona cortisol, que ayuda a nuestro cuerpo a controlar el estrés.
Sin suficiente cortisol, podemos sentirnos cansados. Sin embargo, también se puede sentir fatiga cuando los niveles de cortisol son más altos de lo normal. En ambos casos, la causa está en el desgaste de las glándulas suprarrenales.
En la medicina alopática, la fatiga suprarrenal es conocida como enfermedad de Addison, si se detectan niveles extremadamente bajos de cortisol y se denomina síndrome de Cushing cuando hay un exceso de producción de cortisol.
Desafortunadamente, se suele considerar que las glándulas suprarrenales están bien cuando no se padece ninguna de las dos dolencias. Sin embargo, evaluar la salud de las glándulas suprarrenales no sólo se limita a comprobar los niveles de cortisol.
También es importante considerar el papel del eje hipotálamo-pituitaria-suprarrenal (HPA), que es el circuito de retroalimentación entre el hipotálamo, la glándula pituitaria y las glándulas suprarrenales. El eje HPA regula la respuesta al estrés de nuestro cuerpo.
Por ejemplo, si nos encontramos con un jabalí mientras caminamos por el bosque, lógicamente, nuestro cerebro interpreta la situación como un factor estresante. El hipotálamo libera hormona liberadora de corticotropina (CRH) que actúa sobre la glándula pituitaria para estimular la liberación de la hormona adrenocorticotrópica (ACTH). La ACTH, a su vez, estimula la liberación de cortisol. El cortisol le indica a nuestro cuerpo que reaccione rápidamente para poder huir del jabalí.
Entre sus muchas funciones, el cortisol ayuda a estimular la liberación de azúcar en la sangre, aumenta la presión arterial y modula la respuesta inmune. En pequeñas cantidades, la producción y liberación de cortisol en el torrente sanguíneo es beneficioso, y no podríamos vivir sin él. Los problemas surgen cuando los niveles de cortisol se mantienen elevados durante demasiado tiempo.
En nuestra vida se dan muchas situaciones o preocupaciones prolongadas en el tiempo que se convierten en factores estresantes crónicos y que a nivel bioquímico ejercen una presión sobre el eje HPA.
Estos estresores crónicos estimulan continuamente el eje HPA manteniendo el cuerpo en un estado perpetuo de estrés, a modo de «lucha o huida». Si experimentas estrés durante todo el día, el eje HPA no puede descansar y los niveles hormonales, incluido el cortisol, se desequilibran.
Llegados a este punto, puede que haya un exceso o defecto de cortisol y que la producción de cortisol pueda estar sufriendo un desequilibrio. Además, otras hormonas suprarrenales como la dehidroepiandrosterona (DHEA), la aldosterona y la epinefrina o la norepinefrina pueden verse afectadas.

¿Cuáles son los síntomas de la fatiga suprarrenal?
Los síntomas de fatiga suprarrenal pueden incluir:
- Fatiga (física y / o mental)
- Dificultad para levantarse de la cama por la mañana.
- Insomnio (dificultad para dormirse y / o permanecer dormido)
- Hipoglucemia
- Hipotensión por las mañanas.
- Inmunidad disminuida, o mala función del sistema inmunológico
- Disfunción cognitiva, o «niebla cerebral»
- Incapacidad para manejar el estrés
- Deseo de sal y comidas saladas.
Para volver a equilibrar nuestras glándulas suprarrenales vamos a tener que realizar algunos cambios en nuestra dieta y en nuestro estilo de vida.
Algunos consejos básicos que ayudarán a nuestra recuperación consistirán en:
- Comer alimentos de bajo índice glucémico.
- Descansar bien y suficientes horas.
- Realizar ejercicios livianos.
- Pasar tiempo en la naturaleza.
- Realizar actividades de cuerpo y mente como yoga, meditación o Chi kung.
- Evitar los ambientes y personas tóxicas.
- Tomar suplementos de vitaminas B, vitamina C, magnesio y hierbas adaptogénicas, para apoyar las glándulas suprarrenales y el eje HPA.
Sin embargo, la clave para apoyar la salud suprarrenal es reducir en la medida de lo posible, los factores estresantes crónicos y darle al cuerpo el descanso que necesita para recuperarse.
Merece la pena recalcar la importancia de practicar meditación y otras técnicas de reducción del estrés para ayudar al sistema nervioso. La meditación tiene la increíble capacidad de apoyar la rama parasimpática del sistema nervioso, lo que nos va a permitir sentirnos más centrados y relajados.
Para valorar con kinesiología el estado de las glándulas suprarrenales y detectar excesos o deficiencias en la fabricación de las diferentes hormonas que intervienen, puedes utilizar el Test del sistema endocrino.
Aprende a amar tus glándulas suprarrenales

Las glándulas suprarrenales realizan algunas funciones tan importantes como la producción de cortisol, hormona que segregamos en los momentos de estrés y el control de los niveles de azúcar en sangre.
Cada glándula suprarrenal pesa de 4 a 5 gramos en un adulto. Se encuentran justo por encima de nuestros riñones y son de color amarillento. Cada glándula es diferente, una es de forma triangular, y la otra tiene forma de media luna, detectándose por primera vez a las 6 semanas de gestación. La palabra «suprarrenal» en realidad proviene del latín ‘ad renes’, es decir, cerca del riñón.
En nuestra era, somos bombardeados por la luz artificial, no sólo procedente de las bombillas, sino también de las pantallas de ordenador, la TV, teléfonos móviles o tabletas. Esto puede confundir nuestros ritmos circadianos que están ligados a la luz y la oscuridad. Nuestro ritmo circadiano está muy en sintonía con las hormonas que liberan nuestras glándulas suprarrenales, por lo que si experimentas fatiga suprarrenal es crucial que el sueño de buena calidad sea una prioridad, acostumbrándose a dormir cuando está oscuro y a despertarse naturalmente con la luz del sol.
Como ya se ha mencionado, nuestras glándulas suprarrenales juegan un papel muy importante en la producción de las hormonas que necesitamos, especialmente durante los momentos de estrés, por ello, para mantener en equilibrio la producción de esta hormona, es esencial averiguar cual es la causa subyacente del estrés. Al hacernos esta pregunta, es importante recordar que el problema nunca suele ser el problema en sí, sino la respuesta que le damos al problema y nuestras respuestas suelen venir programadas desde nuestro subconsciente, a través de experiencias que parten , normalmente, de la primera infancia. Por lo que, tiene sentido explorar esta zona, en lo que respecta a la mejora de la fatiga suprarrenal.

Para profundizar en los traumas o emociones negativas que generan malestar, podemos realizar un test kinesiológico en el que la persona se adentra en su pasado y a través de respuestas musculares trae a su conciencia la causa originaria del trauma. Para aprender a realizar el test, te puede interesar; ¨Cómo tratar un trauma psíquico con kinesiología¨
Si tus glándulas suprarrenales están fatigadas, tampoco conviene realizar deportes intensos que produzcan mayor agotamiento y agudicen el problema. Podemos sustituirlo por actividades deportivas más suaves como realizar caminatas o practicar natación de baja intensidad.
También ayudará a tus glándulas suprarrenales, empezar el día con un buen desayuno compuesto de proteína de alta calidad, (como pueden ser huevos, aguacates, semillas de Chía, etc.), de esta forma, ayudas a mantener los niveles adecuados de cortisol y a estabilizar el azúcar en sangre durante el día.
¿Qué reacciones provoca el estrés en nuestro cuerpo y qué nutrientes remedian sus efectos?
El estrés es una respuesta automática de nuestro organismo ante circunstancias amenazadoras o desafiantes.
En la prehistoria, el hombre activaba esta respuesta espontanea del cuerpo cuando necesitaba huir de una presa o luchar para defenderse de cualquier peligro que le acechara.
En la actualidad son mucho más diversas las situaciones que ponen a nuestro organismo en alerta, para poder superar las dificultades, pero la reacción orgánica sigue siendo la misma.
Podríamos decir, que el estrés se produce cuando las circunstancias de nuestra vida, superan nuestra capacidad para afrontarlas y le exigimos a nuestro cuerpo un mayor esfuerzo, ya sea de índole física o psíquica.
Lamentablemente, es sumamente difícil, poder llevar una vida libre de estrés en todo momento, siempre hay ciertas cosas que nos pueden llegar a estresar durante el día.
Podemos decir, que existen tres tipos de estrés:
– Estrés Interno: el que se da en el interior de nuestro cuerpo, a nivel orgánico.
– Estrés externo: es el más conocido, el estrés por causas externas a uno mismo que de repente nos estresan, como el pitido de un coche, o el ataque de un ladrón.
– Estrés psíquico: se genera ante situaciones tanto negativas en sí mismas como emocionantes.
Situaciones que generan emociones estresantes, como prepararse para un examen, la llegada de familia que hace tiempo que no ves, un trabajo nuevo, o bien, un estrés más negativo, como puede ser no tener trabajo, relaciones tóxicas, etc.
Indistintamente del tipo de estrés que padezcamos, los efectos en los órganos y funciones corporales se dan de forma similar.
Cabe destacar, el corazón y el sistema cardiovascular, como aquellos órganos del cuerpo que más esfuerzo ejercen ante estas situaciones. Pero también, nuestro sistema inmunitario ve reducida su capacidad, debido a que el organismo en una búsqueda de prioridades decide consumir más energía en otras funciones orgánicas que son imprescindibles para superar el peligro o situación estresante. Esto conlleva una disminución de las defensas contra infecciones de cualquier tipo o ante enfermedades diversas.
En circunstancias de estrés, parte de la actividad del organismo se genera desde las glándulas suprarrenales. La función de ésta glándula es la de regular el metabolismo y mantener el organismo en situaciones de estrés a través de la síntesis principal de glucocorticoides; como el cortisol y catecolaminas; adrenalina, noradrenalina y dopamina.
– Los Glucocorticoides, son liberados cuando ciertos estímulos extremos como emociones intensas provocan un estado estresante. El efecto de su liberación, no parece ayudar contra el estrés, sin embargo, sí provoca una disminución de las funciones del sistema inmune, impidiendo la fabricación de células que producen los anticuerpos e inhibiendo los procesos inflamatorios que nos protegen de infecciones por virus, bacterias, hongos, etc.
– La Adrenalina, es una hormona vaso-activa o vaso-dilatadora, secretada en situaciones de alerta que capacita al cuerpo para dar una respuesta rápida ante un peligro. El aspecto negativo es que cuanta más adrenalina libera la suprarrenal, mayor será el estado de estrés.
– La Noradrenalina, aumenta el estado de vigilia, agudizando el estado de alerta del individuo, de ahí la dificultad para conciliar el sueño.
– La Dopamina, promueve el incremento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial.
Por tanto, la glándula suprarrenal, desempeña un papel importante en las situaciones de estrés.
Existen una serie de nutrientes que son útiles para tratar el estrés y para ayudar a los órganos que intervienen en esta reacción.
Las vitaminas A, C y E, minerales como el selenio, germanio, zinc, cobre y manganeso, luchan contra los radicales libres que se producen ante el estrés. Estos antioxidantes se encuentran en los kiwis, ciruelas, tomates, hortalizas de color naranja, amarillo, rojo y verde oscuro, semillas de sésamo, de girasol y calabaza y el marisco.
La vitamina B5, C y el magnesio, son necesarios para el buen funcionamiento de las glándulas suprarrenales.
Por tanto, para ayudar a controlar los efectos del estrés al que nos exponemos diariamente, es importante incluir alimentos a nuestra dieta que contengan estos 3 nutrientes.
– Alimentos conocidos ricos en vitamina C son el kiwi, los cítricos, las patatas y los pimientos.
– Alimentos ricos en magnesio están los cereales, hortalizas de hoja verde, el germen de trigo, la soja, las almendras, el bacalao y la caballa.
– Alimentos ricos en vitamina B5, son los cereales integrales, hortalizas de hoja verde, la carne y los lácteos.
A través de lo que ingerimos damos armas a nuestro organismo para defenderse y mantenerse en estado óptimo. Por tanto, no debemos relegar nuestra alimentación a un segundo término, de ella dependen muchos procesos orgánicos que de no realizarse correctamente ponen en riesgo nuestra salud.
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