Intoxicación por mercurio, el metal silencioso
El mercurio es un metal que puede convertirse en veneno mortal para cualquier ser vivo. De todos los metales es el único que mantiene su estado líquido a temperatura ambiente. Este metal se acumula en los pescados especialmente grandes, como es el caso del tiburón, la caballa real, el pez espada y la lubina, por esta razón, se recomienda reducir y controlar su consumo, sobretodo en mujeres embarazadas.
Pero no sólo a través de la alimentación corremos el riesgo de intoxicarnos con mercurio. Cada vez son más los casos clínicos sobrevenidos por inoculación con vacunas, amalgamas dentales, así como por inhalación de vapores.
En el año 2001, en Estados Unidos, la FDA, emitió una orden para advertir a la gente, especialmente mujeres embarazadas y madres lactantes, de los riesgos para la salud que pueden derivar del consumo de pescados grandes contaminados por mercurio.
El mercurio afecta en mayor medida al cerebro de los niños, el cual se encuentra en fase de desarrollo. Este metal accede mucho más fácilmente al tejido cerebral del pequeño debido a que la barrera hematoencefálica aún no se ha completado.
Algunas investigaciones han logrado demostrar que los bebés expuestos a mercurio, a diferencia de lo que ocurre en el caso de los adultos, se acumula sobre todo a nivel cerebral.
También se debe tener en cuenta que los bebés de menos de 6 meses de edad, no pueden excretar el mercurio, por su incapacidad para producir la bilis, que es la vía de excreción principal de mercurio.
Pero, por suerte no todos los niños tienden a desarrollar las mismas reacciones al mercurio, ya que eso va a depender también, de lo susceptible que sea cada individuo según factores tanto genéticos como ambientales.
Ya sea en el caso de un individuo adulto o no, el mercurio acaba intoxicando cuando se acumula sin dar el tiempo suficiente al organismo para ir eliminándolo. Es decir, cuando la velocidad de exposición es mayor que la de eliminación.
En la mayoría de ocasiones, los efectos o síntomas de la acumulación por mercurio suelen mostrarse de forma tardía, es decir, unos meses después de la exposición.
La intoxicación por mercurio puede afectar de formas muy diversas y difusas a nivel orgánico, pues no deja de ser veneno circulando por todo nuestro organismo. Puede causar daños a nuestras enzimas (no olvidemos la importante función de estas), dificultar los mecanismos de transporte de nutrientes y elementos esenciales para el buen funcionamiento de todos nuestros órganos y sistemas, así como causar daños en las proteínas estructurales que forman nuestros tejidos.
Sin embargo, donde más se hace notar es a nivel cerebral y de sistema nervioso. Ante la presencia de mercurio se detectan niveles anormales de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina, la acetilcolina o el glutamato.
En numerosos casos de niños con autismo se ha podido detectar este desequilibrio en los neurotransmisores, causando problemas de aprendizaje y de expresión oral así como dificultad para entender ideas abstractas o complejas. Estos niños tienden a aislarse, sufren ataques de ansiedad y comportamientos obsesivos/ compulsivos.
También, se dan alteraciones a nivel sensorial como intolerancia al ruido, aversión al tacto o falta de sensibilidad en alguna parte del cuerpo.
Gracias a la kinesiología podemos detectar y diagnosticar este exceso de metales pesados en nuestro organismo. En la actualidad, hay muchas personas y niños con sintomatologías difusas y enfermedades crónicas, cuyo origen no parece estar claro. Considerar la posibilidad de una sobreexposición a mercurio o cualquier otro metal, podría ser de gran ayuda en el tratamiento de la enfermedad.
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