Un concepto de la salud más global


Estamos acostumbrados a leer artículos médicos o de salud en donde se hace una clara y directa relación entre un problema y una causa o factor que incide claramente en su manifestación, por ejemplo hace poco leí que el estrés favorece las inflamaciones, con lo que claramente podía repercutir en la aparición de ciertas enfermedades.

Esto que ocurre con mucha frecuencia, no es una cuasa suficiente para que se cumpla esta relacción, me explico, en el caso citado anteriormente, el estilo de vida más que el estrés puede ser el desencadenante de la inflamación.

En este mismo sentido Sheldon Cohen profesor de psicología de la universidad  de Carnegie Mellon en Pittsburgh, atribuye estas dolencias no solo al estrés, sino a todo lo que conlleva un estilo de vida de una persona sometida a este factor. Se da lo que en estadística se denomina correlación, ya que en la mayoría de los casos el estrés está relacionado con una mala alimentación y con malos hábitos como el beber, el fumar, la toma de estimulantes, y psicotrópicos para el descanso o la falta de ejercicio físico entre otros.

En el campo alimentario, el hecho de que nutricionistas y terapeutas en general no consideren en muchas ocasiones otros factores adicionales, hace que el juicio sea incompleto; solo se hace referencia a la mala alimentación en relación a sus componentes, lo que típicamente oímos: la mala combinación de alimentos, la falta de fibra, el exceso de azúcar, alcohol, café y harinas refinadas, el exceso de proteína y grasa animal, la falta de consumo de alimentos vegetales y de agua, etc,

Todo muy correcto, pero pocos profesionales hablan del peligro de ciertas formas de cocinar y del exceso de temperatura en la preparación de  los alimentos, que forman las aminas heterocíclicas (AHC) y los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), sustancias químicas que se forman fundamentalmente al calentar carne a altas temperaturas, o de la falta de enzimas que provoca en los alimentos su excesiva cocción, dando lugar a alimentos vacios de “energía”, o la falta de una masticación adecuada, más aún agudizada por el estrés del que hace un rato hablamos, o a la simple contaminación del agua del grifo que usamos en la comida o de la contaminación ambiental por nombrar otro factor. Por ello debemos tener una visión más amplia y global del problema.

En el campo emocional, se sabe   que las emociones negativas favorecen la aparición de ciertas patologías, se hace más vulnerable al sistema inmunológico, por el contrario las positivas son beneficiosas para nuestra salud, nos ayudan a soportan la enfermedad. La buena salud es un proceso complejo, basado en un perfecto equilibrio psicoemocional en el que participan varios factores y que muchas veces no se consideran en toda su amplitud.

La “mala vida” como se dice en lenguaje coloquial tiene muchas caras y debemos entender que cuando entramos en una mala dinámica, estaremos descuidando nuestra salud espiritual, mental y por supuesto física, ya que todo va unido y es algo que aún la medicina tradicional no ha aprendido a considerar, no caigamos nosotros en el mismo error.

Por eso no debemos extrañarnos, que como resultado del estrés tengamos mayores posibilidades de enfermedades inflamatorias, diabetes, cáncer etc, es la consecuencia de no priorizar en la vida lo que realmente importa. Miremos por tanto la salud de una forma más global y holística, consideremos todas las dimensiones que nos afectan y tendremos todos los factores.

 

Ángel Salazar Magaña (angelsalamag@gmail.com)

Kinepharma

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